A ver, se suponía que vería Cassandras Dream, pero me atacó la idea de ir por cronología (a veces soy tan maniático y ordenado): empecé por Annie Hall (1977). Hace tiempo la vi en el cable, una tarde de domingo (la tendencia a acordarme más de las cosas que hago los domingos está muy relacionado con esa sensación asquerosa de la cercanía del lunes). Y si mal no recuerdo, creo que en ese entonces la agarré desde la escena de las langostas en la cocina, y de ahí fue tirarme, pasar un buen rato y disfrutar. Fue hace mucho, en conce, en una situación contextual muy similar a la que vivo ahora. Me da la impresión que fue con esa película que yo sentí de verdad que el cine, los libros, las canciones, las fotos, el arte en general, sí puede ayudarte a aclarar ciertos rincones oscuros de tu vida, pero cuando te llegan en el momento indicado. Es decir, no vienen a cambiarte nada, pero sí a encender algunos focos apagados del camino que vas recorriendo en una situación equis. Por lo mismo hay películas que no debes ver cuando estás feliz, u otras que debes pasar de largo si estás triste. En este caso es un poco de los dos, pero a la larga, precisa.
En fin.
Siempre me quedo con las frases finales de libros, películas y canciones. Esta vez, que me esforcé en recordar las de la mitad, o del comienzo, me pasó lo mismo de siempre, así que me rindo. Y si bien no es la frase más genial que he escuchado en lo que a relaciones se refiere, me parece tan sencilla y verdadera, que quisiera compartirla:
"(...) y me acordé de aquel viejo chiste, del tipo que va al psiquiatra y dice 'Doctor, mi hermano se ha vuelto loco, cree que es una gallina.' Entonces el médico le contesta 'Por qué no hacen que lo encierren' Y el tipo dice 'lo haría, pero necesito los huevos...' Bueno, creo que eso expresa lo que siento de las relaciones personales: son completamente irracionales, disparatadas y absurdas. Pero creo que las seguimos manteniendo porque la mayoría de nosotros necesita los huevos..-"
domingo, noviembre 30, 2008
AM
Son las seis de la mañana y ya empieza a entrar un poco de luz por mis cortinas. Estoy bajando Cassandra's Dream (de woody Allen, a pesar del nombre no es porno), prendo el último cigarro que me sobró de anoche (ante noche? ya me confundí), y Mark Anthony (el latin lover que, extrañamente, de un día para otro llenó conciertos en Chile) canta "Quiereme, Quiereme!(8)" en la fiesta que tienen mis vecinos de departamento. Mañana es hoy y ya estoy pensando en qué desayunar, en qué almorzar. Ah, y para darle el cierre de cuento Disney, los pájaros del árbol de al frente ya cantan como festejando la buena noche que tuvieron. Eso.
domingo, noviembre 23, 2008
Tibieza de domingo

Mi respiración se está calmando de a poco. El ritmo de sensaciones solitarias no tiene porqué ser tan malo, pienso mientras acaricio mis tobillos desnudos. O vas, o vienes, pero los pies y la cabeza se mueven, sea como sea. La actividad empieza a derretir esos hielos autoimpuestos, y una brisa va colándose por debajo de la puerta, lo que hace que muchos de los aromas que se han quedado dando vueltas se empiecen a disipar, descontrolados, juguetones. La gente en la calle sigue danzando en medio del humo blanco que llaman vida, siguen caminando como si en sus días nada fuera tan importante como existir. Y yo los miro sin escucharlos, pero ya no paso de largo. Mi vida también puede ser como la vida de ellos. Tengo en el punto central de mis ojos un ardor que comienza a perderse, mi terquedad se diluye, y los sueños que pude tener van tomando las riendas de mis otras versiones, de mis existencias paralelas. Le doy volumen a mis canciones favoritas y mis ojos parecen del doble de su tamaño.
Comienzo abrazando una, dos, tres veces, sosteniendo entre mis brazos la paz y su silencio exquisito. Y ahí, entre tanta historia, entre tanto sonido céfalo, es como si un aplauso tímido sonara por entre las personas, muy a lo lejos, en la calle, entre mis vecinos, en la fila del supermercado. Un aplauso que no me da la cara, pero que le da más sangre a mis venas, porque es un aplauso para todos, para el mundo. Y doy las gracias. No puedo pasarme la vida gritando melancolías a modo de quejas. Pegando fotos en las paredes, fotos que ya no tienen que estar pegadas. En fin. Sonrío... lo hago porque hay sonrisas que son para mí, personas que me quieren, que me aman, personas que, incluso, aún no me conocen, pero llegaran a conocerme en algún momento, en aquel instante misterioso donde esas sensaciones solitarias se juntan con otras, armando collages, queriendo ir para un lado donde pegue menos el sol de verano, pero menos, también, el frío del invierno.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)